domingo, 3 de octubre de 2010

Pseudocrónica Vacacional VIII (Mecina Bombaron - Trevélez)

Viernes, 6 de agosto, 13 h.

Salimos de Yegen camino de Mecina Bombarón, lugar en el que nos comeríamos una deliciosa ensalada nazarí (aunque con ese calificativo podréis encontrar las cosas más peregrinas) sobre una mesa de cristal llena de mugre... En fin, uno puede aguantar la mugre sobre la madera vieja, que al fin y al cabo parece como que forma parte de ella misma (viejo, mugriento, solera, opacidad histórica...), pero el cristal sugiere la transparencia nítida del presente... O sea, lo primero es ¿qué pinta una mesa de cristal en las Alpujarras? Nada, no pinta nada. Igual que yo no pinto nada escribiendo todo esto mientras escucho a Fat Boy Slim, me estoy volviendo loco. El cristal forma parte de la ciudad, no de los pueblos campestres. A la mierda con la modernización; los practicantes del "turismo activo" (me peo en el concepto) necesitamos del medio rural en su estado originario, ¿qué es eso de asfaltar los caminos para que no se les manchen los bajos a los nuevos todoterrenos de los lugareños? Si es que tenían que ir en burro, todavía. ¿Veis? Así el burro no estaría en peligro de extinción.

Tras esta comida vino la primera (¿o segunda?) siesta bajo la protección de los muros de una iglesia: sombrita, esterilla y a dormir mientras cerca de nosotros un adolescente se comunicaba vía messenger (probablemente con su coleguita que vivía dos casas más allá) y pasaban los abuelos, que no sabían si echarnos monedas o llamar a la Guardia Civil.

Una vez repuestos del sopor digestivo volvimos a montar en el vehículo, el cual, por cierto se comportó como una máquina heroica, aguantando todas las vacaciones sin dar problemas, salvo un leve olor a gasoil, un leve escape de gasoil que con el tiempo parece que fue carcomiendo la correa de la distribución (eso dijeron los mecánicos) hasta que ésta se deshizo, dejando trocitos por todo el motor, salvo en el peor sitio, la distribución, y eso que estaba al lado. En fin, que la broma me ha salido por 500 euros, aunque como digo podía haber sido peor, podía haberme quedado sin furgo, podía habernos pasado en el viaje; pero no, afortunadamente fue yendo al curro, a la vuelta de las vacaciones.

Pues como decía salimos rumbo a Bérchules. Bérchules, primer fin de semana de agosto. ¿Os suena esto de algo? Efectivamente, la Nochevieja de Agosto, fiesta por todo lo alto. ¿Lugar para pernoctar? Efectivamente, ninguno. ¿Ganas de hacerlo? Tampoco ninguna. Bueno, quizá Gema tuviera alguna, que es más marchosa. Pero al no haber sitio... Al no haber sitio, decidimos volver un poco hacia atrás y bajar a Cádiar.

La verdad es que de Cádiar vimos muy poco porque no nos gustó nada. Se trata de un pueblo que se encuentra en el valle, no en la falda de la montaña, de modo que es más propicio para construcciones industriales, para la vida de ciudad, vamos (trabajo, ocio, ruido, la antítesis del lugar tranquilo que buscábamos).

Así que subimos de nuevo a Mecina Bombarón. Craso error: allí tampoco encontramos un lugar donde caernos muertos, salvo que quisiéramos dormir en el coche, con los inconvenientes que eso llevaba, o plantar la tienda en cualquier descampado, los cuales, por cierto, no eran muy abundantes... Descampados planos, se entiende. Preguntamos por lo menos en cuatro sitios y en todos decían lo mismo: "Uy, con la fiesta de Los Bérchules, va a estar difícil en toda la zona, viene gente hasta del extranjero".

De modo que volvimos a coger la carretera hacia Bérchules, pero esta vez lo pasamos de largo. Teníamos la opción de quedarnos en Juviles, pero aquí también estaban en fiestas; de hecho creo que como estrellas de las fiestas iban a tocar un remedo de Las Grecas, pero es algo que no puedo asegurar. En cualquier caso coloco en la playlist a las originales... Ehhh, vamos a ver, siempre me pasa lo mismo, me caliento escribiendo y luego reflexiono, me pongo a investigar y tengo que rectificar. Es sobre las Grecas: cierto que en 1995 murió Tina, pero Carmela continuó después con una tal Malicia, por tanto no sé si la canción que he puesto es de las originales o de las medio-originales. Eso sí, a partir de 2006 el grupo pasa a estar formado por Malicia y Sofía, es decir, un remedo... Otra cosa es que canten mejor, no sé. Pues eso, que pasamos de largo por Juviles y nos dirigimos hacia Trevélez, donde había un camping. Esto supuso adelantar un día el itinerario, pero no nos quedaba otra opción menos... movida, ruidosa.

Llegamos al camping, en el cual nos atendió una chica, o mujer, simpática hasta decir basta, hasta la saciedad, hasta cansarte, un poco falsa según Gema; actitud de vendedora, dije yo. Por las fotos que allí había la sujeto había estado en las cimas de varias montañas importantes. Estábamos en Trevélez, a los pies del Mulhacén. El camping se encontraba dispuesto en una serie de bancales. En las Alpujarras todo está dispuesto en forma de bancales. El camping se encontraba a unos 2 kilómetros del pueblo, pero había una senda que discurría al margen de una acequia y que nos sacaba directamente a la parte alta de Trevélez. Y hasta allí fuimos después de plantar la tienda, pues teníamos que cenar.

En el primer restaurante que entramos no nos hicieron ni caso; era el típico mesón jamonero. Por si no lo he dicho en alguna de las entradas anteriores Trevélez es uno de los sitios más afamados para la curación de los jamones, debido al régimen de vientos y a la altitud, es uno de los pueblos más altos de España (el más alto es Valdelinares a 1693 m. y por delante hay otros 15 más altos -ver http://www.emiliopolis.net/es/int/geo/altos_es.html-).

Y ahora una reflexión acerca de la industria hostelera del lugar, Trevélez en particular y Las Alpujarras en general: no todos los pueblos de las Alpujarras son iguales, evidentemente, y aquí los vamos a dividir en dos tipos, los medianamente turísticos y los extremadamente turísticos (como Trevélez, Capileira, Bubión y Lanjarón). En estos últimos el servicio en restaurantes y hostales, con honrosas excepciones, deja bastante que desear, probablemente debido a que la demanda supera con creces la oferta de modo que no tienen que mimar demasiado a la clientela, es más, están hasta los huevos de los turistas. En los demás pueblos, sin embargo, el servicio es correcto, las personas amables...

En Trevélez acabamos cenando en una terracita al lado de la iglesia (los mejores sitios siempre estaban al lado de las iglesias), una terraza-jardín orientada al consumo juvenil, ya sabéis, hamburguesas, perritos, tablas de patatas... Todo muy rico y un sitio muy agradable con musiquita de... de... No me acuerdo, pero probablemente pusieran a Alejandro Sanz, porque sí que tuvimos unas vacaciones con el Alejandrito que... O quizá Chill Out.

Después de cenar volvimos al camping por el mismo camino de la acequia, con los frontales encendidos reflejándose en los ojos de los animales, en este caso cabras, a una distancia que no te permitía ver los cuerpos; dándoles un aspecto demoniaco. Granada, tierra de acequias.

Ahí van unas fotos: