viernes, 1 de noviembre de 2013

Monte Perdido, 14-09-2013

Descargar track: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5539888


Distancia: 16,5 km
Desnivel: 1400 m. de subida (y otros tantos de bajada). 
Tiempo con paradas 9 h. 45 m.

Los nombres de Sabiñánigo y Jaca me hacen viajar 30 años atrás hasta 1982, año en el que mi padre compró un coche nuevo, un Renault 18 verde metalizado (con una tapicería cuyo olor a nuevo jamás se fue), y para hacer el rodaje nos fuimos de vacaciones haciendo una gira por los Pirineos, País Vasco y Santander. En mi cabeza resuena la música de Jean Michael Jarre y el "Ma quale idea" de Pino D'Angio; "Beats'n'pieces", creo que se llamaba el recopilatorio. En 30 años no volví a pasar por allí, hasta que en 2012 hice prácticas de Técnico Deportivo de Montaña. Los recuerdos son más bien borrosos: una larga calle de Jaca, el aparcamiento del Valle de Ordesa y picos sobresaliendo de un mar de nubes visto desde algún puerto de carretera.

No conozco bien los Pirineos, nunca he sido un gran viajante; siempre he preferido quedarme cerca de casa (Guadarrama, Ayllón, Gredos...), pero las impresionantes moles de caliza pirenaicas bien valen la pena. Hice un par de prácticas en 2012, como ya he dicho, y se me clavaron muchas espinas que había que sacar, entre ellas el Monte Perdido.

A principios del verano me enteré de una ascensión solidaria a este mítico monte, promovida por Entreculturas, (ONG jesuita para el desarrollo), que recaudaba fondos para una escuela en Ecuador. Y me apunté matando así dos pájaros de un tiro: subiría al Monte Perdido y acallaría la mala conciencia de consumidor occidental (o eso creía) o al menos contribuiría un poco a una buena causa.

Y a la espera de este fin de semana tan ansiado pasé todo el mes de agosto sin moverme a ningún otro lado. Llegó el día anterior a mi partida y... Mi niño se puso malo.

Es lo que tienen los niños, que cuando empiezan la guardería se ponen malos los jueves o viernes, se recuperan durante el fin de semana, vuelven el lunes y vuelta a empezar.

Así que lo acostamos con 39 de fiebre y un chupito de paracetamol. Al día siguiente lo llevamos a la pediatra y nos dijo lo que ya sabéis: un virus, que habrá que esperar a ver su evolución, que si supera los 40 que vayamos a urgencias...

No sería para tanto, pensé yo, y me fui a los Pirineos, con la espada de Damocles pendiente sobre mi cabeza. Llegué a Nerín sobre las siete de la tarde. Ya había algunos compañeros y gente de la organización esperando; me parecieron gente muy maja y a lo largo de los dos días siguientes me lo demostraron. Las charlas previas a la cena y durante la misma fueron las típicas de montañeros: recuerdos de ascensiones, recomendaciones de rutas, etc.

Desde el albergue de Nerín se divisaba (al fondo) la Peña Montañesca, así como las paredes del Valle de Añisclo (los sestrales alto y bajo, la Punta de las Puertas y el Garrot del Diablo), iluminadas por los últimos rayos de sol:

DSCF6101

Lo más importante fue, sin embargo, el cambio de planes: inicialmente estaba previsto ir el sábado hasta Góriz, dar una vuelta por los alrededores, hacer noche, y ascender al Monte Perdido el domingo por la mañana temprano, pero las previsiones meteorológicas daban mejor tiempo para el sábado, de modo que los guías (del club Montañeros de Aragón) nos propusieron ascender el mismo sábado y dar la vuelta por los alrededores el domingo por la mañana. Todos estuvimos de acuerdo y eso hicimos.

Y a las diez de la noche la espada cayó: Gema me llamó desde urgencias mientras yo me preparaba para irme a dormir en el albergue de Nerín. Estaba en el hospital con sus padres y Rafa con 40 de fiebre. ¿Qué podía hacer yo? ¿Volverme? Los compañeros me decían que la fiebre alta era normal en los niños y que sí, que se les llevaba al hospital para tenerlos controlados, pero sin mayores problemas.

Así pues continué con el plan aunque parte de mis pensamientos siempre estaban con la familia. Sobre las doce menos algo me volvieron a llamar para decirme que les enviaban para casa; un pequeño alivio. Dormí más tranquilo... Tras recuperarme del susto que me di al bajarme de la litera (para hablar fuera de la habitación), pues no se me ocurrió otra cosa que saltar desde ella a oscuras, sin ver a que altura estaba el suelo, y claro, me desequilibré y me di de bruces contra la litera de enfrente.

A las seis de la mañana nos levantamos, desayunamos y nos fuimos al aparcamiento donde nos esperaba el autobús que nos llevaría hasta un mirador sobre el Valle de Ordesa. Nuestro grupo constaba de 22 personas, pero las últimas llegaron "in extremis": venía gente de Madrid, Valladolid, Londres y algún sitio más, y fueron llegando desde las cinco de la tarde del día anterior, durante toda la noche, y hasta las mismísimas 7:00 de la mañana. Pero al final nadie se quedó en tierra.

Se trataba de un autobús del Parque de Ordesa que por una pista forestal subía desde Nerín, pasando por Cuello Arenas hasta lo alto de las paredes del valle, un paraje nombrado en los mapas como Sierracils. Desde allí hasta el refugio de Góriz era prácticamente llano y tardamos unas dos horas. Al ser por la mañana temprano y no haber salido el sol, algunos de los pasos estaban húmedos y había que tener cuidado para no aparecer defenestrado en el fondo del valle.

Unas fotos de la caminata hacia Góriz:



Una vez en el Refugio hicimos las gestiones pertinentes para dejar el material no necesario en la subida, tomamos un tentempié y continuamos la marcha.

El camino hasta la cumbre no tiene pérdida, está bien marcado con hitos y las únicas dificultades hasta el Lago Helado son un par de pasos en los que hay que echar las manos o trepar, los cuales no son excesivamente complicados si la roca está seca, pero si estuviera húmeda la cosa puede cambiar bastante. Ahora bien, la dificultad por excelencia para subir al Monte Perdido es la Escupidera, una canal de tierra suelta con una pendiente muy pronunciada que, si bien es bastante dura subirla por lo que desliza la tierra, resulta mortal cuando hay nieve dura o hielo, pues un deslizamiento nos expulsaría al vacío o contra las rocas. Este verano, sin embargo, solo había nieve cerca del Lago Helado (el cual tampoco estaba helado, a pesar de su nombre).

Después de la Escupidera sólo quedan 250 m. fáciles hasta la cumbre. Con paradas tardamos desde el refugio 2h 30min. Desde allí las vistas son espectaculares. Las fotografías aquí puestas sólo dan una ligera idea. Al principio algunas nubes cubrían parte del paisaje, pero hacía tan buen tiempo que pudimos esperar lo necesario para que se disiparan.

Los compañeros me cantaban las maravillas de valles y picos y sentía que me faltaría vida para poder visitarlos todos.



Sin embargo, lo que más me impactó a lo largo de estos dos días, fueron los gigantescos plegamientos de las calizas, testigos casi intemporales de las fuerzas geológicas de la Tierra: el más impresionante, sin duda, el del Cilindro de Marboré:

DSCF6147Llegaron todos los componentes de la expedición, hicimos la foto de familia, comimos e iniciamos el regreso.




Podéis ver más fotos aquí: https://plus.google.com/photos/114896946457244758571/albums/5924129640320028721

Al día siguiente intentaríamos llegar hasta la Brecha de Rolando.